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antropología, historia, política, arqueología y conexos

26 Enero 2011

Kant y Nietzche, un ensayo

Por: Juan Carlos Rodríguez Santos, Docente UTEC

Para poder entender una filosofía, es preciso por lo menos llegar a conseguir cuales son los interlocutores a los que el interlocutor hace alusión o se opone. Friedrich Nietzsche se refiere a las concepciones de Inmanuel Kant. Lo hace para oponerse a las posturas de este, apuntando a las críticas y alcanzando a la teoría de conocimiento como la postura ética y la postura estética de Kant.

Kant y Nietzsche, figura que por cierto es resultado de una interpretación, de una perspectiva que da mucho que pensar. No es un tema menor analizar tal oposición, puesto que gran parte de la filosofía contemporánea es deudora de estos filósofos. Unos de los continuadores de Kant hoy día, como por ejemplo la ética comunicativa de Karl Otto Apel, y Habermas, pretenden mantenerse dentro de los parámetros de la Ilustración, mientras que los seguidores de Nietzsche se nos presentan como “posmodernos”, como el caso de Gianni Vattimo, Michel Foucault.

Autores como el español, Jesús Connill, quiere acerca a Kant y Nietzsche, en el entendido de que ambas filosofías constituyen los dos grande paradigmas de la filosofía crítica. En este sentido, dice Conill “que Nietzsche lleva hasta el limite la critica kantiana, para preguntarse no solo por lo limites de la razón formal, sino también por las condiciones reales y valorativas que hacen posible interpretar al mundo formal, sino también por las condiciones reales y valorativas que hacen posible interpretar al mundo como perspectiva y hacerlos accesible a una razón corporal y hermenéutica ( Conill Jesús, Crepúsculo de la Metafísica. Pág. 194). En Nietzsche el “timón” de la critica es genealógico y apunta a ser una critica a histórica del valor a partir de su procedencia y a partir de una serie de criterios que valoran, en tanto estimulen o no la voluntad de poder, la afirmación de la vida entendida como voluntad de poder, último y primer criterio desde el cual se asume la critica total, que pasa por ser una critica a la misma voluntad.

Dice Nietzsche “La falsedad de un juicio no es para nosotros ya una objeción contra él, la cuestión es saber hasta que punto favorece la vida, conserva la vida y nosotros estamos inclinados por principio a afirmar que los juicios falsos (de ellos parte los juicios sintéticos a priori) son los mas imprescindibles para nosotros, que el hombre no podría vivir si no admitiese las ficciones incondicionado. Admitir la no- verdad es condición de vida: esto significa, desde luego enfrentarse de un modo peligroso a los sentimientos de valores habituales y una filosofía que osa hacer esto, ya solo con, más allá del bien y del mal” ( Nietzsche Más allá del bien y del mal).

La crítica nietzscheana, lejos de acercarlo a Kant, le permite superarlo totalmente. Kant es el primer filosofo que entiende la exigencia de que la critica ha de ser total (no se le debe de escapar nada), en tanto que es critica, y se vale para ello de la razón pero ese es su limite. Para Nietzsche, en cambió, el criterio fundamental para la crítica no es racional; su crítica “total” no parte de la razón sino que devela las fuentes mismas de ese valor de lo racional, que en el marco de la ilustración permanece incuestionado. Es capaz de ver, como dice M. Foucault “que a través de la voluntad de saber, que tanto marcó Occidente, hay una voluntad de poder, o una voluntad de pode-saber o de saber-poder.

El pensamiento de Nietzsche supera la espera de lo racional, no la complementa. Su pensamiento deja de ser una ratio, para estar al servicio de la vida y la vida deja de ser una simple reacción para pasar a ser acción, voluntad de afirmación, voluntad de poder. El poder sería fundamentalmente creadora. Es el querer y por ello la voluntad de poder sería fundamentalmente creadora. Es el querer lo que libera en Nietzsche, y no el deber, sustentando en la razón. Según Nietzsche, filosofía y critica son la misma cosa y Kant no ha hecho per la critica y por lo tanto la filosofía. Y esto Nietzsche no solo se lo dice a Kant, sino a toda la descendencia, desde Hegel hasta Feuerbach.

La moral de Kant es reactiva y está en el marco del ideal ascético. Esto significa, entre otras cosas que es una moral cristiana. Una moral decadente, que esconde una profunda negación a la vida, al placer, al cuerpo, a la fuerza, a la vitalidad. Lo que es en esta moral aparece bajo el signo de lo “bueno” es en realidad lo malo; implica una “transvaloración” a través de la cual lo bueno se trastocó y se tornó malvado en el historia, y lo malo, bueno, es decir, el triunfo del ideal ascético en el contexto héroe homérico (pre-socrático), que tienen que ver con la fuerza, la vitalidad, el orgullo, el ideal dionisíaco que integra y no separa, que afirma la vida como voluntad de poder

(Genealogía de la Moral y El Anticristo). En el fondo, todo lo que la moral de tipo judeocristiana trata de fundamentar de la que Kant forma parte va en contra de la fuerza y busca consuelo en una más allá ideal que puede entenderse como una forma de nihilismo pasivo y decadente.

Dice Nietzsche en un texto en que sintetiza a nuestro entender, su crítica a la ética kantiana más específicamente a su imperativo categórico: una palabra todavía contra Kant como moralista. Una virtud tiene que ser invención nuestra, personalísima defensa y necesidad nuestra: en todo sentido es un peligro. Lo que no es condición de nuestra vida la daña: una virtud practicada por un concepto de “virtud”, tal como Kant lo quería es dañosa. La virtud, el deber, el bien en sí, el bien entendido con un carácter de impersonalidad y de validez universal. Ficciones cerebrales en que se expresan la decadencia, el agotamiento último de las fuerzas de la vida. Lo contrario es lo que ordenan las leyes mas profundas de la conservación y el crecimiento que cada uno se invente en virtud, su imperativo categórico. Un pueblo perece cuando confunde su deber con el concepto de deber en general. “Nada arruina mas profunda, mas íntimamente que los deberes “impersonales”, que los sacrificios hechos al Moloch de Kant, el instinto propio de los teólogos fue el único que tomó bajo protección. Una acción que el instinto de la vida nos compele a realizar tiene el placer su prueba de ser una acción correcta: y aquel nihilista de vísceras dogmáticas-cristianas entendió el placer como una objeción. ¿Qué destruye más rápidamente que trabajar, pensar, sentir, sin necesidad interna, sin una elección profundamente personal, sin placer? ¿Como un autómata del deber? Esta es precisamente la receta de la decadencia, del idiotismo… Kant se volvió idiota” (El Anticristo: pág., 40-41)

Nietzsche acusa a Kant de tratar de dar carácter científico a una forma de corrupción, la filosofía corrompida por sangre de teólogos (El Anticristo p. 36). Para Nietzsche esto significa traicionar las exigencias de las ciencia a favor de imperativos supraterrestres, inventarse una razón expresamente para averiguar en que caso no hemos de” preocuparnos por la razón, a saber, cuando la moral, la sublime exigencia del tú debes deja oír tu voz” (El Anticristo). El verdadero sentido kantiano dice Nietzsche “no es otra cosa en si el mundo verdadero de la metafísica platónica, Dios como fundamento del trasmundo cristiano” (edición de Karl Sclechta NA, pág. 488). Sin embargo Kant se aferra una vez más al mundo suprasensible como fundamento de la moral, situando su distinción entre el fenómeno y noúmeno en la prolongación del dualismo platónico y su desprecio de la vida. Pues aunque el noúmeno kantiano no esta topológicamente separado del fenómeno como lo esta la idea de Platónica de su copia sensible, sigue cumpliendo la mismo función de confiscación del valor de lo fenoménico a favor suyo.

Nietzsche se nos presenta como critico radical de la metafísica de un nuevo comienzo del filosofar, de otra experiencia del ser devenir; pero es más importante y más grande como incitador, como precursor, como heraldo de un camino futuro de la filosofía, como barruntador de un cambio de ser que como pensador que realiza el trabajo del concepto. Con todo y a pesar del carácter antimetafísico de su pensamiento, se han ido descubriendo dimensiones o proyectos de ontología y metafísica en y desde el reto nietzscheano a la filosofía tradicional antigua y moderna.

La filosofía de la metafísica de Nietzsche sería, en último término, una inversión de la metafísica anterior, considerada por él como platonismo, por el hecho de haber concebido el mundo suprasensible como el verdadero. Dicho mundo carece ya de fuerza, no dispensa vida, porque se ha agotado, como expresa la frase “Dios ha muerto”. Sin embargo, a juicio de M. Heidegger, este movimiento de resolución contra la metafísica, ya que éste reaparece en forma de valor y por tanto, no escapa a una metafísica, ahora de los valores. Pues su pretendido trans nihilismo se pasa de la desvalorización a la transmutación de los valores; la ausencia de un mundo suprasensible, obligatorio, se rellena positivamente con la representación figurativa del niño y de un mundo como juego, en el que el creador de valores juega sin trabas.

Heidegger desvela en Nietzsche una metafísica de la voluntad de poder y una metafísica del caos. El verdadero ser de las cosas es la vida en perpetuo devenir, engendrando y destruyendo, creando y aniquilando, dentro de un caos de fuerzas afirmadoras y represoras de la vida.

Debemos de tener una postura filosófica madura al enfrentarnos con estos dos grandes del pasamiento filosófico, para poder tomar lo propio de cada uno de ellos y poder así construir una forma de pensamiento filosófico diferente.

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