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La Coctelera

antropología, historia, política, arqueología y conexos

20 Octubre 2008

La Investigación arqueológica histórica en ciernes


Por Mario Mata

La arqueología en El Salvador ha sido unos de los pilares fundamentales que ha contribuido a encontrarnos con ese pasado histórico, permitiéndonos ubicarnos en un contexto de desarrollo cultural más amplio a nivel de la región mesoamericana y del resto de las culturas de América.

La investigación arqueológica ha contado con la participación de connotados arqueólogos internacionales que atraídos por el boom de los hallazgos arqueológicos se lanzaron a desarrollar investigaciones en la región mesoamericana; no siendo la excepción nuestro territorio nacional; por lo tanto una de las áreas desarrolladas con mayor ímpetu es la investigación arqueológica de la cultura prehispánica, siendo así que en esta área hay importantes hallazgos tales como: Tazumal, Joya de Cerén, San Andrés, Cihuatán, Casa Blanca, Cara Sucia, Quelepa, éstos entre otros.

Desde ningún punto de vista se debe negar esos aportes arqueológicos que constituyen parte esencial del corpus de nuestra identidad cultural patrimonial; de ese pasado histórico, el cual hay que situarlo, también, como parte de nuestra memoria histórica colectiva; lo que sí se debe increpar es la casi nula asignación de recursos económicos de parte del Estado, para desarrollar proyectos de investigación arqueológica a largo plazo, siendo así, que mucha de la labor que impulsa CONCULTURA en el campo arqueológico es de carácter contingencial, o sea, se remite a rescates arqueológicos con un carácter emergente.

Muchos de los proyectos de investigación han sido financiados por la cooperación internacional o por empresas privadas, en ese sentido se devela que falta un real compromiso en la asignación de recursos para el rubro de cultura, pues mucho del presupuesto está fundamentalmente designado para administración y recursos humanos. Pero no sólo basta la asignación de recursos, también se hace necesario de parte del órgano de justicia y del ente rector de la cultura que ambos asuman un compromiso ético y político jurídico en beneficio de la cultura y se haga una efectiva aplicación de las leyes contra aquellos que abusan y dañan el patrimonio cultural tangible e intangible; desde luego, la sanción deberá ser independientemente del nivel económico o cargo público que ostenten los infractores.

En El Salvador la arqueología es relativamente nueva y poco explorada; por supuesto, algunos ponen como mojón histórico los trabajos realizados por Ephraim George Squier, Herbert Spiden, Lardé Ardhes, Samuel Lotrohp, John M. Longyear III, Stanley H. Boggs, Wolfang Haberland, Willys Andrews V, Robert Sharer, Payson Sheets, Paul Amaroli, William Fowler, Arthur Demarest, éstos entre otros, quienes tomando como base los hallazgos arqueológicos dieron sus reflexiones teóricas y aportes mismos que, en su gran mayoría, tienen su fundamento conceptual en la visión estadounidense y mexicana del hacer de la arqueología.

El desarrollo de procesos de investigación cultural tangible e intangible no ha sido estático, ha contado con un relativo dinamismo; siendo así que distintos estudiosos –con formación académica o empírica- han desarrollado a diferentes niveles una labor de inquirir, registrar, conceptualizar, escudriñar y proyectar ese pasado histórico.

A pesar de esa loable y connotada labor, no se puede catalogar el quehacer antes mencionado como arqueología salvadoreña pues para ello han faltado dos pasos esenciales que coadyuvarían a dicho planteamiento, éstos son: primero, la formación de profesionales en las universidades en la disciplina de arqueología, - valga decir que la misma suerte ha corrido la antropología e historia-; y segundo, que se produzcan planteamientos teóricos que respondan a la realidad salvadoreña, sin que eso signifique substraerse de la realidad de Mesoamérica.

En la década de los noventa se dan tres acontecimientos esenciales que permiten ir abriendo brecha en lo que a futuro podría propiciar la fundamentación y desarrollo de una arqueología salvadoreña y estos hechos son:

1. La apertura, en el año 1995, de las carreras de antropología y arqueología en la Universidad San Jorge – ya extinta – posteriormente dichas carreras fueron retomadas por la Universidad Tecnológica, graduando en el año 2000 la primera promoción de arqueólogos formados en El Salvador.

2. La implementación del proyecto Interdisciplinario Chalchuapa, El Salvador. Museo de Tabaco y Sal, Japón. Bajo la dirección de Kuniaki Ohi y el Director de campo, el arqueólogo Shione Shibata, desarrollan de 1995 a 2000 el proyecto de investigación del sitio conocido como Casa Blanca en Chalchuapa. Proyecto que contribuyo a la formación de los primeros arqueólogos en El Salvador.

3. En los años noventa se da la llegada al país de dos arqueólogos salvadoreños formados en el exterior, siendo éstos:

a) Fabio Amador, quien posee formación arqueológica en licenciatura, maestría y doctorado, obtenida en los Estados Unidos de Norte América.

Amador desde mediados de los noventa, ha desarrollado en el país una labor en investigaciones, reconocimientos arqueológicos, estudios y análisis de cerámica, arte rupestre y reconocimientos subacuáticos de rasgos geológicos en el Lago de Coatepeque; recientemente (junio del 2008) presentó la ceramoteca de la UES, así como por varios años ha trabajado en el Atlas arqueológico, entre otros proyectos de investigación. Actualmente trabaja para National Geographic.

Fabio Amador entre los años 1995 -1997 se desempeñó como encargado de la Sección de Arqueología del Consejo Nacional para el Arte y la Cultura (CONCULTURA), también ha desarrollado la labor de docencia, impartiendo clases en las carreras de historia, antropología y arqueología en la Universidad Tecnológica, así como en estos últimos años laboró en el Instituto de Estudios Históricos y Antropológicos de la Universidad de El Salvador - UES.

b) Vicente Genovez quien posee una formación en arqueología en la Universidad San Carlos, de Guatemala. Ha desarrollado una labor de investigación tanto en Guatemala como en El Salvador.

Entre los años 1997 al 2000 se desempeñó como coordinador del Área de Arqueología en el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA); de igual forma ha fungido entre los años 1999-2000 como asesor académico en la carrera de arqueología en la Universidad Tecnológica de El Salvador.

La apertura de la licenciatura en arqueología en las universidades, el proyecto japonés y el desarrollo de investigaciones de los dos arqueólogos arriba mencionados, estos tres hechos se pueden catalogar como trascendentales para ir construyendo con mejores perspectivas el hacer arqueológico en El Salvador.

La generación de los primeros arqueólogos formados en El Salvador está constituida por Fabricio Valdivieso, quien se desempeñó por varios años como director del Departamento de Arqueología de CONCULTURA; Claudia Ramírez, quien recientemente regresó al país después de sus estudios de maestría en la Universidad de Tsukuba, Japón; Roberto Gallardo, ha estudiado maestría en la Universidad de Bollder, Colorado; Marlon Escamilla, quien en la actualidad cursa el doctorado en la Universidad de Vanderbilt; y José Heriberto Erquicia, él ha estudiado maestría en la Universidad Tecnológica de El Salvador y en la actualidad está por iniciar la maestría en ciencias sociales en FLACSO – Guatemala.

Estos 5 arqueólogos constituyen una joven generación que posee una formación en el campo de trabajo y en el área académica; esperamos que estos arqueólogos emprendan procesos de investigación que les permita producir planteamientos teóricos sobre el desarrollo de la arqueología, pues eso, amalgamado con las investigaciones de campo le dará la trascendencia a esta ciencia humanística.

No se puede dejar de mencionar que también existe una generación novel de arqueólogos, graduados desde el año 2006 hasta la fecha por la Escuela de Antropología de la Universidad Tecnológica; estos arqueólogos recién graduados cuentan con un legado de investigaciones realizadas en el país y con una serie de retos a enfrentar.

Convergencia multidisciplinaria: la arqueología histórica.

En la arqueología histórica, José Heriberto Erquicia, arqueólogo y director de la Escuela de Antropología de la UTEC, ha llevado a cabo la investigación denominada Ciudad Vieja, la antigua villa de San Salvador y recientemente publicó, en junio del año 2008, el informe del resultado de la investigación de reconocimiento e inventario de los sitios Mapilapa, Atapasco, San Miguel Ingenio, Ingenio el Rosario, Ingenio Santa Gertrudis, Ostúa, Santa María Magdalena de Tacuba, Cinacantán, Beneficio Río Claro, sitios ubicados en las zonas centro y occidente del territorio nacional.

Bajo la denominación de Proyecto de Registro y Reconocimiento de Sitios Arqueológicos Históricos de El Salvador -Fase I-, la investigación fue impulsada desde la Vicerrectoría de Investigación y Proyección Social y la Escuela de Antropología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UTEC, así como contó con el apoyo institucional de la Academia Salvadoreña de la Historia.

El informe de cada sitio cuenta con cuatro apartados básicos, los cuales son: Ubicación del sitio, Antecedentes históricos, Antecedentes de la investigación y Descripción del sitio.

Los aportes en cuanto al registro y reconocimiento de los sitios se pueden dimensionar desde tres áreas:

a. En el siglo pasado, en algunos de estos sitios hubo presencia de connotados historiadores e investigadores, así como también muchos de estos sitios cuentan con referencias documentales que datan de los siglos XVII, XVIII y XIX donde se hace referencia a familias importantes e influyentes, a litigios, a reasentamientos por desastres naturales, (erupciones volcánicas, desbordamientos de ríos, movimientos telúricos), así como a tipos de producción. La información que se consigna tiene un fundamento en fuentes históricas estratégicas para comprender la importancia y rol de estos sitios durante su esplendor y apogeo.

b. Significativo es que de los nueve sitios investigados, de tres de ellos no se tenía registro a nivel nacional, en cuanto que hayan sido estudiados o investigados con fines académicos y científicos.

c. Se devela que varios de estos sitios han sido investigados, o se ha levantado información básica después del año dos mil por antropólogos, historiadores e investigadores históricos. Relevante es el hecho que el investigador histórico Escalante Arce haya realizado reconocimientos de muchos de estos sitios en compañía de pobladores de las zonas.

Este es uno de los pocos proyectos de investigación que se desarrollan con una visión y práctica multidisciplinaria, siendo así que en el mismo participaron: el historiador Oscar Campos, el investigador histórico Pedro Escalante Arce, los estudiantes de arqueología Raúl Menjívar Benítez y Paulo Soto Galindo, así como la estudiante de antropología Marielba Herrera.

El aporte esencial de la investigación es el reconocimiento arqueológico y el registro de los sitios pero fundamentalmente es la conjugación de la parte histórica con la arqueológica. Se espera que para las siguientes fases se pueda denotar aun más el enlace de las tres disciplinas participantes en esta investigación.

Las informaciones obtenidas a través de conversaciones con Erquicia sobre el proyecto, las fotografías de los sitios visitados, así como parte de algunos de los restos arqueológicos, permite inferir todo un valor arquitectónico que ostentaban esas infraestructuras en su época de funcionalidad.

Existe en este proyecto un valor histórico de ese pasado reciente que a pesar del paso del tiempo ha sobrevivido parte de esas infraestructuras como testimonio de nuestra historia, muchas de ellas quizá no podrán ser utilizadas nunca más, algunas cohabitan y se camuflagean entre la naturaleza, otras corren peor suerte, están a punto de colapsar; sin embargo, algunas de estas infraestructuras podrían ser restauradas.

Es así que entre las conclusiones del informe se consigna que:

“… se pudo documentar cada uno de los sitios en los aspectos históricos, arqueológicos y arquitectónicos, identificando Ingenios de Hierro, Antiguas Haciendas, Fachadas y restos de iglesias y capillas, beneficios de café y sitios de batallas entre indígenas y españoles. Además la investigación determinó distintos periodos de ocupación, los cuales van desde sitios del siglo XVI temprano hasta vestigios de la época industrial…” (Erquicia 2008)

Esta fase de la investigación realizada por el arqueólogo permite dimensionar el potencial que tiene el trabajo multidisciplinario, además de las distintas y variadas posibilidades de un trabajo en conjunto basado en un enfoque y método científico.

Estos resultados, así como los futuros, dejarán de dormir el sueño de los justos en la medida que las instancias encargadas a nivel gubernamental, local o municipal se apropien de estos resultados e impulsen proyectos en torno a estos sitios a fin de que sean difundidos y valorizados como referentes que potencian su identidad local y, desde luego, la salvadoreñidad.

Ahora que en El Salvador el turismo es una de las premisas del desarrollo, este tipo de proyectos de investigación abonan para la apertura de líneas de educación cultural identitaria; en este aspecto la empresa privada de la mano con las localidades podría promover proyectos de investigación, identificación, restauración, conservación y diseño de planes para que la población pueda hacer uso de estos sitios con el fin de fortalecer la comprensión de ese pasado histórico que quiérase o no es parte de esa tan vilipendiada memoria histórica.

Sostenemos que con este tipo de investigaciones nos enrumbamos hacia la construcción de un planteamiento teórico muy propio y paulatinamente se dan pasos para ir cerrando ese círculo que tiene a la base la investigación, la formación universitaria y la producción de planteamientos teóricos que respondan a la realidad que nos circunda.

Por qué no decirlo, la producción de planteamientos teóricos y formación universitaria en antropología, historia y arqueología en El Salvador está en ciernes; y si bien existen en el país algunos profesionales formados en el exterior que están haciendo una labor académica en las universidades que facilitan esas licenciaturas; no obstante, por ahora falta desarrollar toda una estrategia para que estas ciencias tengan la relevancia necesaria en los programas de desarrollo.

Se hace imprescindible emprender acciones tendientes a cautivar y estimular la vocación en las nuevas generaciones para que se interesen en este tipo de disciplinas de las ciencias sociales; para ello las Universidades podrían implementar, a nivel de educación media, jornadas educativas de sensibilización y difusión de los valores históricos e identitarios.

Mario Mata
Antropólogo
Integrante de ASTAC
Fotografías: Heriberto Erquicia - UTEC

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