La primera de las razones por las que la metafísica entró en una profunda crisis nos la ofrece el empirismo, porque desde sus comienzos siempre ha sido una filosofía anti metafísica, debido a su peculiar explicación del conocimiento. Todo el conocimiento tendría su origen en la experiencia sensible, sólo por ello sería válido y también ella marcaría los límites de la realidad cognoscible.
Por lo tanto cualquier intento de sobrepasar tales límites, como es natural en todo enfoque metafísico, es eliminado del ámbito del conocimiento, ya que para los empiristas no es posible conocer la realidad más que sometiendo el conocimiento al control empírico de la observación sensible.
El empirismo moderno ha negado la metafísica, porque ya no admite las ideas generales como principios, sino derivadas de otras evidencias más elementales: la sensación externa y la reflexión del origen de las ideas, rechazándose el pretendido saber de lo suprasensible. Me parece que los únicos objetos de las ciencias abstractas o de la demostración son la cantidad y el número y que todos los intentos de extender las clases más perfecta de conocimiento más allá de estos límites son mera sofistería e ilusión… Todas las demás investigaciones de los hombres conciernen sólo a cuestiones de hechos y existencia… Sí procediéramos a revisar las bibliotecas convencidos de estos principios, que estragos no haríamos. Si tomamos cualquier volumen d teología o metafísica escolástica, por ejemplo, preguntemos: ¿Contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad y el número? No ¿Contiene algún razonamiento experimental acerca de cuestiones de hecho o existencia? No. Tírese entonces a las llamas, pues no puede contender más que sofistería e ilusión (David Hume 43 n. 3) La conclusión acerca de la metafísica es clara: no hay para ellas más que lugar para el fuego.
La exaltación de la experiencia sensible expulsa del ámbito del saber válido lo que no tenga en ella su origen, o lo que no se atenga a los cánones de la matemática. La convicción básica de los empiristas es que no es posible lograr, sin control empírico, conocimiento alguno sobre la realidad. Todo lo que haya de conocimiento ha de pertenecer: 1) a las ciencias formales (Lógica, Matemáticas) 2) a las ciencias empíricas de lo real. De ahí que la afirmación fundamental del empirismo haya sido la siguiente: todo enunciado tiene que ser analítico o empírico (sintético a posteriori). Lo cual supone un rechazo frontal de cada posibilidad de conocimiento sintéticos a priori. El neopositivismo El empirismo moderno de David Hume es retomado por una postura que hizo furor, denominada en un inicio positivismo Lógico.
La mayoría de los empiristas rechazan estos términos porque han puesto en entredicho el concepto de lo dado. Y prefieren términos como empirismo científico, empirismo lógico, o filosofía científica. Su actitud queda bien clara frente a la metafísica, en el famoso articulo de Carnap, en la Superación de la metafísica, mediante el análisis lógico del lenguaje (publicado el año 1932 en la revista Erkenntnis). En él se pasa revista a la tradición antimetafisica desde los escéptico griegos hasta los empiristas modernos; todos ellos consideran que la metafísica es estéril y errónea.
Sin embargo Carnap no se conforma con las críticas habituales, sino que cree haber descubierto el modo de “dar puntillas”, a la metafísica mediante el análisis lógico, tal como lo reflejan sus palabras: El desarrollo de la lógica moderna ha hecho posible dar una respuesta nueva y más precisa al problema de la validez y justificación de la metafísica… En el campo de la metafísica el análisis lógico ha conducido al resultado negativo de que las pretendidas proposiciones de dicho campos son totalmente carentes de sentido. Con esto se ha obtenido una eliminación tan radical de la metafísica como no fue posible lograrla a de los antiguos puntos de vista anti metafísica. Lo que ocurre a la metafísica es que no ha encontrado su forma adecuada de expresión. Aparenta lo que no es. Aparenta como un sistema cognoscitivo de proposiciones, en el que éstas se vinculan entre sí según criterios lógicos y basándose en discusiones o argumentaciones rigurosas. Es decir, tiene la forma de una teoría. Pero todos sus esfuerzos por mantener la apariencia se vienen abajo, porque su contenido es emotivo y resulta imposible canalizarla a través de la forma teórica.
El medio mas adecuado según esta concepción carnapiana, para expresar tales contenidos es el arte. Este no tiene pretensiones teóricas no cognoscitivas. No hay argumentación, ni refutación, ni invalidación de los contenidos artísticos. Sin embargo, el metafísico sigue haciéndose la ilusión de que alcanza contenidos teóricos cognoscitivos y de que está prescindiendo argumentativamente. Cuando en realidad , todo lo que carece de rigor lógico y de control empírico.
Los metafísicos serían, pues artistas no idóneos: músicos sin capacidad musical, incapaces de canalizar adecuadamente, en su debida forma, el contenido emotivo de la vida. El neopositivismo aprovecha la herencia empirista clásica, pero la afianza y completa mediante el análisis lógico son las únicas vías válidas de conocimiento. Y se rechazan como ilusiones todas las que puedan derivar directamente de una fuente intelectual. No se admite la intuición intelectual, ni las ideas innatas, ni los principios evidentes, ni los juicios sintéticos a priori ni cualquier otra especie aprehensión cognoscitiva de las cosas en sí.
La originalidad del neopositivismo consiste en haber cifrado la imposibilidad de la metafísica, no en la naturaleza de lo que se puede conocer, sino en la naturaleza de lo que se puede decir. Su acusación fundamental a la metafísica radica en que ésta viola las reglas que un enunciado debe satisfacer si ha de ser significado. Esta tendencia anti metafísica de nuevo cuño es constatable en el Tractatus de Wittgenstein: La mayor de las proposiciones y cuestiones que se han escrito sobre materia de filosofía no son falsas sino sinsentido. No podemos, pues, responder a cuestiones de esta clase de ningún modo, sino solamente establecer su sinsentido.
La metafísica, además de su sentido lato como filosofía primera, en sentido estricto consiste en aquel estudio que plantea como cuestión primordial el problema de la realidad. Este es el enfoque X. Zubiri, quien desarrolla un análisis de la intelección sentiente, por el que descubre como instancia fundamental la impresión de realidad.
Esta tesis viene simplemente a explicitar nuestra última proposición: la ideología sólo existe por el sujeto y para los sujetos. O sea: sólo existe ideología para los sujetos concretos y esta destinación de la ideología es posible solamente por el sujeto: es decir por la categoría de sujeto y su funcionamiento.
Con esto queremos decir que aun cuando no aparece bajo esta denominación (el sujeto) hasta el advenimiento de la ideología burguesa, ante todo con el advenimiento de la ideología jurídica, la categoría de sujeto (que puede funcionar bajo otras denominaciones: por ejemplo, en Platón, el alma, Dios, etc.) es la categoría constitutiva de toda ideología, cualquiera que sea su fecha histórica, ya que la ideología no tiene historia.
Decimos que la categoría de sujeto es constitutiva de toda ideología, pero agregamos enseguida que la categoría de sujeto es constitutiva de toda ideología sólo en tanto toda ideología tiene por función (función que la define) la “constitución” de los individuos concretos en sujetos. El funcionamiento de toda ideología existe en ese juego de doble constitución, ya que la ideología no es nada más que su funcionamiento en las formas materiales de la existencia de ese funcionamiento.
Para comprender claramente lo que sigue es necesario tener presente que tanto el autor de estas líneas como el lector que las lee son sujetos y, por lo tanto, sujetos ideológicos (proposición tautológica), es decir que tanto el autor como el lector de estas líneas viven “espontáneamente” o “naturalmente” en la ideología, en el sentido en que hemos dicho que “el hombre es por naturaleza un animal ideológico”.
Que el autor, al escribir las líneas de un discurso que pretende ser científico, esté completamente ausente, como “sujeto”, de su “discurso” científico (pues todo discurso científico es por definición un discurso sin sujeto y sólo hay “sujeto de la ciencia” en una ideología de la ciencia), es otra cuestión, que por el momento dejaremos de lado.
Tal como dijo admirablemente San Pablo, es en el “Logos” (entendamos, en la ideología) donde tenemos “el ser, el movimiento y la vida”. De allí resulta que, tanto para ustedes como para mí, la categoría de sujeto es una “evidencia” primera (las evidencias son siempre primeras): está claro que ustedes y yo somos sujetos (libres, morales, etc.). como todas las evidencias, incluso aquellas por las cuales una palabra “designa una cosa” o “posee una significación” (incluyendo por lo tanto las evidencias de la “transparencia” del lenguaje), esta “evidencia” de que ustedes y yo somos sujetos —y el que esto no constituya un problema— es un efecto ideológico, el efecto ideológico elemental. En efecto, es propio de la ideología imponer (sin parecerlo, dado que son “evidencias”) las evidencias como evidencias que no podemos dejar de reconocer, y ante las cuales tenemos la inevitable y natural reacción de exclamar (en voz alta o en el “silencio de la conciencia”): “¡Es evidente! ¡eso es! ¡Es muy cierto!”
En esta reacción se ejerce la función de reconocimiento ideológico que es una de las dos funciones de la ideología como tal (su contrario es la función de desconocimiento).
Tomemos un ejemplo muy “concreto”: todos nosotros tenemos amigos que cuando llaman a nuestra puerta y nosotros preguntamos “¿quién es?” a través de la puerta cerrada, responden (pues es “evidente”) “¡Soy yo!” De hecho, nosotros reconocemos que “es ella” o “es él”. abrimos la puerta, y “es cierto que es ella quien está allí”. Para tomar otro ejemplo, cuando reconocemos en la calle a alguien de nuestro conocimiento, le mostramos que lo hemos reconocido (y que hemos reconocido que nos ha reconocido) diciéndole “¡Buen día, querido amigo!” y estrechándole la mano (práctica material ritual de reconocimiento ideológico de la vida diaria, al menos en Francia; otros rituales en otros lugares).
Con esta advertencia previa y sus ilustraciones concretas, deseo solamente destacar que ustedes y yo somos siempre ya sujetos que, como tales, practicamos sin interrupción los rituales del reconocimiento ideológico que nos garantizan que somos realmente sujetos concretos, individuales, inconfundibles e (naturalmente) irremplazables. La escritura a la cual yo procedo actualmente y la lectura a la cual ustedes se dedican actualmente son, también ellas, desde este punto de vista, rituales de reconocimiento ideológico, incluida la “evidencia” con que pueda imponérseles a ustedes la “verdad” de mis reflexiones o su “falsedad”.
Pero reconocer que somos sujetos, y que funcionamos en los rituales prácticos de la vida cotidiana más elemental (el apretón de manos, el hecho de llamarlo a usted por su nombre, el hecho de saber, aun cuando lo ignore, que usted “tiene” un nombre propio que lo hace reconocer como sujeto único, etc.), tal reconocimiento nos da solamente la “conciencia” de nuestra práctica interesante (eterna) del reconocimiento ideológico —su conciencia, es decir su reconocimiento—, pero no nos da en absoluto el conocimiento (científico) del mecanismo de este reconocimiento. Ahora bien, en este conocimiento hay que ir a parar si se quiere, mientras se hable en la ideología y desde el seno de la ideología, esbozar un discurso que intente romper con la ideología para atreverse a ser el comienzo de un discurso científico (sin sujeto) sobre la ideología.
Entonces, para representar por qué la categoría de sujeto es constitutiva de la ideología, la cual sólo existe al constituir a los sujetos concretos en sujetos, voy a emplear un modo de exposición especial, lo bastante “concreto” como para que sea reconocido, pero suficientemente abstracto como para que sea pensable y pensado dando lugar a un conocimiento.
Diría en una primera fórmula: toda ideología interpela a los individuos concretos como sujetos concretos, por el funcionamiento de la categoría de sujeto.
He aquí una proposición que implica que por el momento distinguimos los individuos concretos por una parte y los sujetos concretos por la otra, a pesar de que, en este nivel, no hay sujeto concreto si no está sostenido por un individuo concreto.
Sugerimos entonces que la ideología “actúa” o “funciona” de tal modo que “recluta” sujetos entre los individuos (los recluta a todos), o “transforma” a los individuos en sujetos (los transforma a todos) por medio de esta operación muy precisa que llamamos interpelación, y que se puede representar con la más trivial y corriente interpelación, policial (o no) “¡Eh, usted, oiga!”.
Si suponemos que la hipotética escena ocurre en la calle, el individuo interpelado se vuelve. Por este simple giro físico de 180 grados se convierte en sujeto. ¿Por qué? Porque reconoció que la interpelación se dirigía “precisamente” a él y que “era precisamente él quien había sido interpelado” (y no otro). La experiencia demuestra que las telecomunicaciones prácticas de la interpelación son tales que la interpelación siempre alcanza al hombre buscado: se trate de un llamado verbal o de un toque de silbato, el interpelado reconoce siempre que era precisamente él a quien se interpelaba. No deja de ser éste un fenómeno extraño que no sólo se explica por el sentimiento de culpabilidad”, pese al gran número de personas que “tienen algo que reprocharse”.
Naturalmente, para comodidad y claridad de la exposición de nuestro pequeño teatro teórico, hemos tenido que presentar las cosas bajo la forma de una secuencia, con un antes y un después, por lo tanto bajo la forma de una sucesión temporal. Hay individuos que se pasean. En alguna parte (generalmente a sus espaldas) resuena la interpelación: “¡Eh, usted, oiga!”. Un individuo (en el 90% de los casos aquel a quien va dirigida) se vuelve, creyendo-suponiendo-sabiendo que se trata de él, reconociendo pues que “es precisamente a él” a quien apunta la interpelación. En realidad las cosas ocurren sin ninguna sucesión. La existencia de la ideología y la interpelación de los individuos como sujetos son una sola y misma cosa.
Podemos agregar que lo que parece suceder así fuera de la ideología (con más exactitud en la calle) pasa en realidad en la ideología. Lo que sucede en realidad en la ideología parece por lo tanto que sucede fuera de ella. Por eso aquellos que están en la ideología se creen por definición fuera de ella; uno de los efectos de la ideología es la negación práctica por la ideología del carácter ideológico de la ideología: la ideología no dice nunca “soy ideológica”. Es necesario estar fuera de la ideología, es decir en el conocimiento científico, para poder decir: yo estoy en la ideología (caso realmente excepcional) o (caso general): yo estaba en la ideología. Se sabe perfectamente que la acusación de estar en la ideología sólo vale para los otros, nunca para sí (a menos que se sea realmente spinozista o marxista, lo cual respecto de este punto equivale a tener exactamente la misma posición). Esto quiere decir que la ideología no tiene afuera (para ella), pero al mismo tiempo que no es más que afuera (para la ciencia y la realidad).
Esto lo explicó perfectamente Spinoza doscientos años antes que Marx, quien lo practicó sin explicarlo en detalle. Pero dejemos este punto pletórico de consecuencias no sólo teóricas sino directamente políticas, ya que de él depende, por ejemplo, toda la teoría de la crítica y de la autocrítica, regla de oro de la práctica de la lucha de clases marxista-leninista.
La ideología interpela, por lo tanto, a los individuos como sujetos. Dado que la ideología es eterna, debemos ahora suprimir la forma de temporalidad con que hemos representado el funcionamiento de la ideología y decir: la ideología ha siempre-ya interpelado a los individuos como sujetos; esto equivale a determinar que los individuos son siempre-ya interpelados por la ideología como sujetos, lo cual necesariamente nos lleva a una última proposición: los individuos son siempre-ya sujetos. Por lo tanto los individuos son “abstractos” respecto de los sujetos que ellos mismos son siempre-ya. Esta proposición puede parecer una paradoja.
Sin embargo, el hecho de que un individuo sea siempre-ya sujeto, aun antes de nacer, es la simple realidad, accesible a cualquiera y en absoluto paradójica. Freud demostró que los individuos son siempre “abstractos” respecto de los sujetos que ellos mismos son siempre-ya, destacando simplemente el ritual que rodeaba a la espera de un “nacimiento”, ese “feliz acontecimiento”. Cualquiera sabe cuánto y cómo se espera a un niño que va a nacer. Lo que equivale a decir más prosaicamente, si convenimos en dejar de lado los “sentimientos”, es decir las formas de la ideología familiar, paternal/ maternal/ conyugal/ fraternal, en las que se espera el niño por nacer: se sabe de antemano que llevará el Apellido de su Padre.
Tendrá pues una identidad y será irremplazable. Ya antes de nacer el niño es por lo tanto siempre-ya sujeto, está destinado a serlo en y por la configuración ideológica familiar específica en la cual es “esperado” después de haber sido concebido. Inútil decir que esta configuración ideológica familiar está en su unicidad fuertemente estructurada y que en esta estructura implacable más o menos “patológica” (suponiendo que este término tenga un sentido asignable), el antiguo futuro-sujeto debe “encontrar” “su” lugar, es decir “devenir” el sujeto sexual (varón o niña) que ya es por anticipado. Es evidente que esta sujeción y preasignación ideológica y todos los rituales de la crianza y la educación familiares tienen alguna relación con lo que Freud estudió en las formas de las “etapas” pregenitales y genitales de la sexualidad, por lo tanto en la “toma” de lo que Freud señaló, por sus efectos, como el Inconsciente. Pero dejemos también este punto.
Avancemos otro paso. Lo que va a retener ahora nuestra atención es la forma en que los “actores” de esta puesta en escena de la interpelación y sus roles específicos son reflejados en la estructura misma de toda ideología...
(L. Althusser, Ideologías y Aparatos Ideológicos de Estado, Enero de 1969)
Esta reflexión esta enfocado, desde un terreno filosófico, lo que se pretende en este pequeño artìculo es poner sobre el “tapete” intelectual, la discusión desde una óptica filosófica. Como profesionales de la docencia, somos testigos que en todas las ramas de la ciencias se esta sufriendo una crisis, pero la que mas esta en un estado crítico son las Ciencias Sociales. En torno a toda esta crisis la filosofía no es la ex cepción, es por ello que se ha desarrollado este artículo.Esperando que haya reflexión.
Vivimos una época de evasión, distracción superficialidad, desencanto, apatía y pasividad. Este entorno crea un desánimo subjetivo, un desfondamiento interior, que reseca la vida y acaba por trivializarla reduciendo todas las dimensiones profundas de la realidad a mera funcionalidad.
Asistimos a un cansancio cultural en lo que concierne al interrogarse sobre la realidad. Sociológicamente no interesa ningún planteamiento metafísico. Lo que mueve es el éxito mas inmediato posible, la eficacia, el bienestar, el pasarlo bien, la satisfacción inmediata del tener, acaparar, poseer y dominar. Poco importa el ser, la realidad y la verdad.
En el fondo no creemos poder conocer la realidad la auténtica realidad; y con la verdad se dice se pierde hasta la amistad. No vale la pena gastar el tiempo en la reflexión que indaga, crítica los fundamentos de la realidad, del saber, de la vida y del hombre, de su razón y su destino.
Resulta difícil captar que la metafísica sea asimilable en nuestro mundo, en la vida cotidiana. No parece muy actual la preocupación metafísica. Hasta las vivencias metafísicas van cercenándose en manos de la brutalidad y la más feroz insensibilidad. Ni la vida ni la muerte atraen ya casi nuestra atención. La trivialidad campa por doquier, sin respetar nada ni a nadie. Indiferencia, hasta el mayor espectáculo o ante la más descomunal atrocidad, revistiéndose entonces a una indignación o de enérgica repulsa, ocultándose en el silencio cobarde.
El hombre contemporáneo sobre cargado de información vive egocéntricamente. No entra en proceso alguno de comunicación que no satisfaga su piel, su superficie. Es difícil atravesar esa barrera. Los poros sociales filtran cualquier cosa, hasta lo más profundo y sagrado. Cultura de la piel dura. Estamos hechos a todo, en la superficie. Haría falta saber qué nos pasa en lo mas profundo de nuestro ser.
¿Estamos ante los síntomas que anuncian la degeneración de nuestra civilización? ¿Vamos a la deriva?
Muchas veces da la sensación como si la vorágine de nuestro tiempo, también lleno de pasiones como cualquier otro, este perdiendo la viday la razón, descomponiendo y trastornando al hombre y todo lo que presenten en él le sobrepasa y dignifica. Sería este un camino mortífero, destructivo.
En otros ámbitos la muerte y ladestrucción vienen por inanición. Multitud de gente por carencia de alimentos mueren de hambre y en cambio hay países que se dan el lujo de convertir sus alimentos para poder alimentar a las maquinas, en que ¿mundo estamos viviendo?
La realidad nos supera, nos rebasa, a pesar de nuestras ilusiones fanáticas, por las que nos creíamos dueños y señores del universo natural y humano. Por muchas bases científicas que le queramos echar y muy a pesar de la arrogancia prometeica de que a veces hacemos gala, vivimos una crisis cultural en la que hay que insertar la quiebra pretendida defunción del pensar metafísico. No se puede aislar el problema metafísico, del interrogante global que nuestra situación cultural provoca.
La metafísica es problema dentro de la profunda crisis cultural y es este el nivel más profundo en que puede y debe plantearse, si se quiere evaluar el sentido de la crisis y si se aspira a remontarla. De lo contrario, no se habrá llegado al fondo de la cuestión, tanto del problema de la metafísica como la crisis cultural misma,
No obstante, también las pretensiones específicas del saber metafísico conllevan dificultades para muchos insalvables, porque parece que no cumple su función originaria y primigenia: proporcionar el conocimiento de la realidad. Si la metafísica es teoría de la realidad, parece ser que han aparecido otros saberes que nos capacitan mejor para tal fin, que están mejor pertrechados, que tienen un instrumental cognoscitivo mas rentable. De ahí que la metafísica haya perdido relevancia y también su preeminencia cognoscitiva ante los saberes científicos y técnicos.
Sus nuevos métodos de conocimiento, puestos a disposición del dominio de la naturaleza y de la sociedad, es natural que lleven a muchos a poner en cuestión el valor, vigencia y legitimidad del orden metafísico, ya que este parece que avance, ni favorezca el progreso, ni proporcione recursos innovadores para la vida humana.
Creo que la transformación de la metafísica depende de su revitalización de la posibilidad de reconstruir un marco racional fundamental, donde se argumente y se conciban los problemas de los hombres. La determinación de tal marco es la tarea inicial y básica de las exigencias actuales, a fin de gestar una teoría filosófica no unilateral ni dogmática, sino racional y coherente, desde los intereses y anhelos que el hombre encarna. Tal nivel de argumentación como filosofía primera es lo que representa el saber metafísico.
No puede ser menos. San Salvador es la ciudad capital de uno de los países mas pequeños de América. Apenas, como país, la superficie de El Salvador es superior a Bahamas, Jamaica, Trinidad y Tobago, Mauricio, Dominica, Antigua, San Vicente y San Cristóbal. Este último es el país mas pequeño de América y cuenta con 261 kilometros cuadrados, cabe cien veces en El Salvador. México tiene 1,964,375 kilometros cuadrados, cien veces más grande que El Salvador.
¿Influirá eso en nuestra percepción de las cosas? Pues, pienso que sí. Recuerdo como antes pensaba que ir de San Salvador hacia San Miguel era un viaje largo, larguísimo que uno debía hacer preparativos mentales para el recorrido, y llegaba cansado, con ganas de ir a acostarse; eso, hasta que una noche debía viajar de Quito a Manta en autobús, saliendo a las once de la noche y llegando a las 6 de la mañana. Entonces me dí cuenta que el país nuestro, el paísito al que amamos, es chiquito. Recuerdo claramente la primera vez que ví el Palacio Nacional en Lima, con su gran plaza al frente y me dio un poco de humillación pensar que lo que yo creía que era un Palacio Nacional en San Salvador, en realidad era un poco menos.
Hoy, San Salvador es Capital Iberoamericana de la Cultura y uno valora si lo que la Capital hará para agradecer (y merecer) el nombramiento desde la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI) será consistente con el privilegio otrogado; y uno cree firmemente que no hay que pensar en pequeñito, a pesar del país.
Que una serie de actos masivos, que integren grandes actos culturales es necesario. Desde luego, habrá algunos que ya deben pensar que no hay por qué hacer grandes actos, si la cultura no requiere de cantidad sino de calidad. Mi reflexión sobre esto es que la masividad es importante para hacer voltear a ver hacia la cultura, que no basta con que una tarde de sábado, en la casa comunal de una colonia se desarrolle un taller itinerante de pintura con las niñas y niños, sino que se debe visualizar la importancia de la creación de la Escuela Municipal de Artes, por ejemplo.
Que no es suficiente un Festival Gastrónomico en una pequeña plaza al poniente de la capital, sino que resulta mas interesante la ejecución de la Gran Degustación de Arte Culinario Latinoamericano en el Estadio Cuscatlán. Que no basta un concierto de la Sinfónica en el Teatro Presidente, sino más bien, la promoción de las Orquestas Sinfónicas Universitarias y el Concierto de la Cultura en un espacio adecuado como el Gimnasio Nacional. Que sería muy bonito e impactante ejecutar el Gran Concurso Nacional de Grupos Musicales Populares en el Estadio Cuscatlán.
Quizá nos vendría bien una Feria del Libro que tenga los libros mas baratos y que se ubique desde El Salvador del Mundo hasta el Parque Cuscatlán. A mí, que no soy religioso, me encantaría un evento donde se presentarán cien o doscientas agrupaciones musicales eclesiásticas en nuestro pequeño, ya pequeño, Teatro Nacional. ¿Por qué no? creatividad.
Estoy soñando y un poco exagerando, pero, México, Capital de la Cultura en el 2010 desarrolló en el Zócalo un Carnaval Iberoamericano de Primavera en marzo del año pasado, durante tres días!! Durante el año hubo conferencias, conversatorios, foros, en fin: discusión y difusión cultural.
La ciudad de México es un "poquito" màs grande que San Salvador y sus eventos como Capital Iberoamericana de la Cultura fueron mayúsculos. Notorios. Evidentes.
¿Podemos dejar de pensar en chiquito, tan en chiquito a veces que se llega a organizar, como parte de las actividades de la Capital Iberoamericana de la Cultura, una presentación de una obra teatral en un pequeño y desvencijado teatro en el norponiente de la capital, obra que no se difunde ni se coordina, y a la que llegarán... cuántos?, ¿10?, ¿12 personas?
Quizá la Capital de la Cultura 2011 debiera organizar eventos de la mano de la Secretaría de Cultura (obvio!!!!) y en coordinación con todos, toditos los centros académicos nacionales y privados, y las organizaciones relacionadas a la cultura, con cada uno de los museos de nuestra ciudad, con cada organización de artistas, en fin. Pensar en grande. Pensar masivo.
Para poder entender una filosofía, es preciso por lo menos llegar a conseguir cuales son los interlocutores a los que el interlocutor hace alusión o se opone. Friedrich Nietzsche se refiere a las concepciones de Inmanuel Kant. Lo hace para oponerse a las posturas de este, apuntando a las críticas y alcanzando a la teoría de conocimiento como la postura ética y la postura estética de Kant.
Kant y Nietzsche, figura que por cierto es resultado de una interpretación, de una perspectiva que da mucho que pensar. No es un tema menor analizar tal oposición, puesto que gran parte de la filosofía contemporánea es deudora de estos filósofos. Unos de los continuadores de Kant hoy día, como por ejemplo la ética comunicativa de Karl Otto Apel, y Habermas, pretenden mantenerse dentro de los parámetros de la Ilustración, mientras que los seguidores de Nietzsche se nos presentan como “posmodernos”, como el caso de Gianni Vattimo, Michel Foucault.
Autores como el español, Jesús Connill, quiere acerca a Kant y Nietzsche, en el entendido de que ambas filosofías constituyen los dos grande paradigmas de la filosofía crítica. En este sentido, dice Conill “que Nietzsche lleva hasta el limite la critica kantiana, para preguntarse no solo por lo limites de la razón formal, sino también por las condiciones reales y valorativas que hacen posible interpretar al mundo formal, sino también por las condiciones reales y valorativas que hacen posible interpretar al mundo como perspectiva y hacerlos accesible a una razón corporal y hermenéutica ( Conill Jesús, Crepúsculo de la Metafísica. Pág. 194). En Nietzsche el “timón” de la critica es genealógico y apunta a ser una critica a histórica del valor a partir de su procedencia y a partir de una serie de criterios que valoran, en tanto estimuleno no la voluntad de poder, la afirmación de la vida entendida como voluntad de poder, último y primer criterio desde el cual se asume la critica total, que pasa por ser una critica a la misma voluntad.
Dice Nietzsche “La falsedad de un juicio no es para nosotros ya una objeción contra él, la cuestión es saber hasta que punto favorece la vida, conserva la vida y nosotros estamos inclinados por principioa afirmar que los juicios falsos (de ellos parte los juicios sintéticos a priori) son los mas imprescindibles para nosotros, que el hombre no podría vivir si no admitiese las ficciones incondicionado. Admitir la no- verdad es condición de vida: esto significa, desde luego enfrentarse de un modo peligroso a los sentimientos de valores habituales y una filosofía que osa hacer esto, ya solo con, más allá del bien y del mal” ( Nietzsche Más allá del bien y del mal).
La crítica nietzscheana, lejos de acercarlo a Kant, le permite superarlo totalmente. Kant es el primer filosofo que entiende la exigencia de que la critica ha de ser total (no se le debe de escapar nada), en tanto que es critica, y se vale para ello de la razón pero ese es su limite. Para Nietzsche, en cambió, el criterio fundamental para la crítica no es racional; su crítica “total” no parte de la razón sino que devela las fuentes mismas de ese valor de lo racional, que en el marco de la ilustración permanece incuestionado. Es capaz de ver, como dice M. Foucault “que a través de la voluntad de saber, que tanto marcó Occidente, hay una voluntad de poder, o una voluntad de pode-saber o de saber-poder.
El pensamiento de Nietzsche supera la espera de lo racional, no la complementa. Su pensamiento deja de ser una ratio, para estar al servicio de la vida y la vida deja de ser una simple reacción para pasar a ser acción, voluntad de afirmación, voluntad de poder. El poder sería fundamentalmente creadora. Es el querery por ello la voluntad de poder sería fundamentalmente creadora. Es el querer lo que libera en Nietzsche, y no el deber, sustentando en la razón. Según Nietzsche, filosofía y critica son la misma cosa y Kant no ha hecho per la critica y por lo tanto la filosofía. Y esto Nietzsche no solo se lo dice a Kant, sino a toda la descendencia, desde Hegel hasta Feuerbach.
La moral de Kant es reactiva y está en el marco del ideal ascético. Esto significa, entre otras cosas que es unamoral cristiana. Una moral decadente, que esconde una profunda negación a la vida, al placer, al cuerpo, a la fuerza, a la vitalidad. Lo que es en esta moral aparece bajo el signo de lo “bueno” es en realidad lo malo; implica una “transvaloración” a través de la cual lo bueno se trastocó y se tornó malvado en el historia, y lo malo, bueno, es decir, el triunfo del ideal ascético en el contexto héroe homérico (pre-socrático), que tienen que ver con la fuerza, la vitalidad, el orgullo, el ideal dionisíaco que integra y no separa, que afirma la vida como voluntad de poder
(Genealogía de la Moral y El Anticristo). En el fondo, todo lo que la moral de tipo judeocristiana trata de fundamentar de la que Kant forma parte va en contra de la fuerza y busca consuelo en una más allá ideal que puede entenderse como una forma de nihilismo pasivo y decadente.
Dice Nietzscheen un texto en que sintetiza a nuestro entender, su crítica a la ética kantiana más específicamente a su imperativo categórico: una palabra todavía contra Kant como moralista. Una virtud tiene que ser invención nuestra, personalísima defensa y necesidad nuestra: en todo sentido es un peligro. Lo que no es condición de nuestra vida la daña: una virtud practicada por un concepto de “virtud”, tal como Kant lo quería es dañosa. La virtud, el deber, el bien en sí, el bien entendido con un carácter de impersonalidad y de validez universal. Ficciones cerebrales en que se expresan la decadencia, el agotamiento último de las fuerzas de la vida. Lo contrario es lo que ordenan las leyes mas profundas de la conservación y el crecimiento que cada uno se invente en virtud, su imperativo categórico. Un pueblo perece cuando confunde su debercon el concepto de deber en general. “Nada arruina mas profunda, mas íntimamente que los deberes “impersonales”, que los sacrificios hechos al Moloch de Kant, el instinto propio de los teólogos fue el único que tomó bajo protección. Una acción que el instinto de la vida nos compele a realizar tiene el placer su prueba de ser una acción correcta: y aquel nihilista de vísceras dogmáticas-cristianas entendió el placer como una objeción. ¿Qué destruye más rápidamente que trabajar, pensar, sentir, sin necesidad interna, sin una elección profundamente personal, sin placer? ¿Como un autómata del deber? Esta es precisamente la receta de la decadencia, del idiotismo… Kant se volvió idiota” (El Anticristo: pág., 40-41)
Nietzsche acusa a Kant de tratar de dar carácter científico a una forma de corrupción, la filosofía corrompida por sangre de teólogos (El Anticristo p. 36). Para Nietzsche esto significa traicionar las exigencias de las ciencia a favor de imperativos supraterrestres, inventarse una razón expresamente para averiguar en que caso no hemos de” preocuparnos porla razón, a saber, cuando la moral, la sublime exigencia del tú debes deja oír tu voz” (El Anticristo). El verdadero sentido kantiano dice Nietzsche “no es otra cosa en si el mundo verdadero de la metafísica platónica, Dios como fundamento del trasmundo cristiano” (edición de Karl Sclechta NA, pág. 488). Sin embargo Kant se aferra una vez más al mundo suprasensible como fundamento de la moral, situando su distinción entre el fenómeno y noúmeno en la prolongación del dualismo platónico y su desprecio de la vida. Pues aunque el noúmeno kantiano no esta topológicamente separado del fenómeno como lo esta la idea de Platónica de su copia sensible, sigue cumpliendo la mismo función de confiscación del valor de lo fenoménico a favor suyo.
Nietzsche se nos presenta como critico radical de la metafísica de un nuevo comienzo del filosofar, de otra experiencia del ser devenir; pero es más importante y más grande como incitador, como precursor, como heraldo de un camino futuro de la filosofía, como barruntador de un cambio de ser que como pensador que realiza el trabajo del concepto. Con todo y a pesar del carácter antimetafísico de su pensamiento, se han ido descubriendo dimensiones o proyectos de ontología y metafísica en y desde el reto nietzscheano a la filosofía tradicional antigua y moderna.
La filosofía de la metafísica de Nietzsche sería, en último término, una inversión de la metafísica anterior, considerada por él como platonismo, por el hecho de haber concebido el mundo suprasensible como el verdadero. Dicho mundo carece ya de fuerza, no dispensa vida, porque se ha agotado, como expresa la frase “Dios ha muerto”. Sin embargo, a juicio de M. Heidegger, este movimiento de resolución contra la metafísica, ya que éste reaparece en forma de valor y por tanto, no escapa a una metafísica, ahora de los valores. Pues su pretendido trans nihilismo se pasa de la desvalorización a la transmutación de los valores; la ausencia de un mundo suprasensible, obligatorio, se rellena positivamente con la representación figurativa del niño y de un mundo como juego, en el que el creador de valores juega sin trabas.
Heidegger desvela en Nietzsche una metafísica de la voluntad de poder y una metafísica del caos. El verdadero ser de las cosas es la vida en perpetuo devenir, engendrando y destruyendo, creando y aniquilando, dentro de un caos de fuerzas afirmadoras y represoras de la vida.
Debemos de tener una postura filosófica madura al enfrentarnos con estos dos grandes del pasamiento filosófico, para poder tomar lo propio de cada uno de ellos y poder así construir una forma de pensamiento filosófico diferente.
Los chinos descubrieron América ¿antes que Cristóbal Colón?
En enero del 2008, una copia de un antiguo mapa descubierto recientemente por un coleccionista chino reivindicó este martes la controvertida teoría de que el famoso marinero chino Zheng He dio la vuelta al mundo en barco y descubrió América antes de que lo hiciese Cristóbal Colón.
"El mapa muestra que un chino descubrió el Nuevo Mundo 70 años antes que Colón", afirmó el coleccionista Liu Gang en la presentación pública del mapa, que data de 1763, y que es una copia de otro realizado en 1418, fecha que coincide con las navegaciones de Zheng He, entre 1405 y 1432. ¿Entonces, y la madre patria, cómo queda, como madrastra?
Se acabó la molestadera con el tema de Iberoamerica y tal y cuál? Hasta los franceses dicen que el asunto de "Latinoamérica" es un nombre que sirve para incluir en la voz americana a todos los latinos, entiendase españoles, portugueses, franceses, italianos.
Regresando a los chinos, según Liu, el mapa también "nos dice que el Almirante Zheng He descubrió el mundo" ya que en él están representadas zonas del planeta, como la Antártida y el norte de Canadá, mucho antes de que fueran descubiertas por los exploradores occidentales. Liu, que es abogado mercantil, compró el mapa por unos 500 dólares a otro coleccionista de cartas geográficas en Shanghai, en 2001.
Sin embargo, sólo se dió cuenta de su importancia tras haber leído el libro de Gavin Menzies titulado "1421: el año en que China descubrió el mundo" y publicado en 2002.
La obra de Menzies presenta la hipótesis de que mapas mundiales dibujados por los oficiales de Zheng He fueron copiados por cartógrafos europeos y usados en los viajes de algunos de los más importantes exploradores occidentales como Colón (1492, su primer viaje); Fernando de Magallanes (1519 viaje alrededor del mundo), Vasco Da Gama (1498, ruta de las Indias) y James Cook (1768, Cabo de Hornos).
La mayor parte de la hipótesis de Menzies están apoyada por los conocimientos marítimos que aprendió durante su trabajo como comandante de la Marina británica.
Sin embargo, pese a su éxito editorial, numerosos historiadores criticaron la hipótesis del ex marino británico debido a la falta de pruebas que aporta.
La dinastía china Ming prohibió la exploración de los océanos bajo pena de muerte tras el último viaje de Zheng He, debido a la muerte del emperador Zhu Di, que fue el patrocinador de las expediciones del famoso marino.
En la prohibición también pesó el alto coste de las expediciones de Zheng, que a menudo estaban compuestas por cientos de barcos.
En cuanto a otros documentos, además del mapa de Liu, que recogen los viajes de Zheng He, parece que llevan perdidos muchos años.
Esa pérdida se debería a su destrucción, intencional tras la prohibición oficial de las expediciones marítimas, o accidental en uno de los muchos incendios que asolaron el palacio imperial de Pekín en la década posterior a 1420.
"Creo sinceramente que existen otros mapas y libros (que contienen pruebas de los viajes mundiales de Zheng He) pero nadie les prestó atención", añadió Liu.
Sin embargo, los estudiosos chinos ignoraron hasta ahora la existencia de esos otros documentos que demostrarían que China descubrió el Nuevo Mundo. "Tengo intención de hacer que se despierten (los estudiosos)", finalizó.
¿Y los vikingos?
Esta parte del artículo es de Fran Downey y aparece en NAT GEO, en su edición de noviembre - diciembre de 2005. Veamos:
Por casi 300 años, los vikingos incitaron el temor en sus enemigos. Los vikingos fueron valientes guerreros. Ellos asaltaron aldeas, atacaron fortalezas, robaron oro y capturaron esclavos.
Pero no todos los vikingos eran villanos. Algunos fueron granjeros y artesanos. Otros descubrieron nuevos territorios. Fueron los primeros europeos que navegaron al continente de América. Pero su historia se encuentra anublada en la niebla del pasado. Llegó la hora de conocer a los verdaderos vikingos.
Todas las historias tienen su punto inicial. Esta no es diferente a las demás. Esta historia comienza el 8 de junio de 793. Fue entonces cuando las naves de los vikingos navegaron hacia una isla pequeña frente a la costa de Inglaterra.
Los habitantes de la isla no tardaron en notar las naves. Todavía estaban lejos. Era imposible ver los pasajeros a bordo.
Nadie sabía lo que estaba a punto de pasar. Nadie sabía que un nuevo capítulo de la historia estaba a punto de comenzar. Ellos sólo podían esperar-y desear saber lo que iba a pasar.
Las naves se acercaron. Cada una cargaba cien hombres. Algunos hombres usaban largos remos. Los remos se sumergían dentro del agua. Mientras los hombres hacían adelantar al remo, las naves daban guiñadas hacia delante.
Al lado de los remeros iban sentados los guerreros. Cada guerrero llevaba puesto un casco de metal grueso. Algunos cargaban espadas, mientras otros tenían hachas. Todos estaban listos para conquistar la isla.
Eso fue exactamente lo que hicieron. En cuanto las naves llegaron a orillas de la isla, los guerreros desembarcaron. Saquearon la isla. Se llevaron todo lo que tenía valor. Cargaron sus naves con los tesoros y así emprendieron camino hacia la historia.
Este ataque contra la isla fue la primera incursión vikinga. Marca el comienzo de la Edad de los Vikingos. Durante los próximos 300 años, la gente que vivía a lo largo de la costa de Europa le tendría pavor a la aparición de las naves vikingas.
Los vikingos se conocen mejor por sus naves y sus audaces aventuras marítimas. Pero la mayoría de ellos nunca fueron al mar. Muchos vivieron en aldeas pequeñas en los territorios que hoy quedan en Dinamarca, Noruega y Suecia.
Unas bardas rodeaban algunas aldeas. Estas mantenían a los enemigos afuera. Dentro de las bardas, la gente seguía una vida cotidiana normal. Muchos trabajaban de comerciantes y artesanos. Compraban y vendían mercancía que otros vikingos traían de tierras lejanas.
Los aldeanos construían casas. Los constructores ponían unas estacas largas dentro de la tierra. Después tejían unas ramas entre las estacas y untaban lodo sobre las ramas. Usaban tierra para hacer el techo.
Pero no todos vivían en aldeas. La mayoría de la gente vivía en granjas. Cultivaban vegetales como arvejas y col. Criaban ganado. Comían carne de res y de cordero. Bebían leche de vaca, oveja y cabra.
La vida vikinga era muy ocupada. Siempre había trabajo que hacer. La temporada de cultivación era bastante breve y los inviernos eran largos. Los granjeros tenían que asegurarse de que hubiera suficiente comida para que durara durante todo el frío invierno.
Sin embargo, los vikingos trataban de divertirse también. Les gustaba esquiar y nadar. Jugaban ajedrez y otro juego semejante al juego de damas.
También practicaba su religión. Los vikingos creían en muchos dioses. Odín era el rey de los dioses. El volaba muy alto por el firmamento en su caballo de ocho patas. Tor era otro dios. Los vikingos siempre sabían cuando andaba cerca. Relampagueaba y tronaba cuando Tor volaba por el cielo en su carroza.
Algunos nombres de los días de la semana en inglés se originan de los nombres de estos dioses. Por ejemplo, el nombre en inglés para el jueves (Thursday) viene de la palabra vikinga que significa "día de Tor." Mientras el nombre en inglés para el viernes (Friday) significa "día de Frigg" quien era la esposa de Odín.
Las aldeas vikingas eran semejantes a muchas aldeas de entonces. Sus naves, sin embargo, eran muy diferentes. Las naves vikingas eran maravillas de la ingeniería de entonces. Nadie más tenía algo semejante. De hecho, los vikingos les debían muchos de sus triunfos a los constructores navales.
Cada nave estaba construida para la velocidad. Los cascos de la nave estaban diseñados para que se deslizaran sobre las olas. Esto los hacía más rápidos que los otros barcos que avanzaban laboriosamente por el agua. Las grandes y coloridas velas atrapaban el viento y empujaban las naves por el mar. Algunas velas medían hasta 40 pies de ancho.
Cuando las naves pasaban cerca de la costa o navegaban río arriba, los vikingos bajaban las velas. En ese entonces usaban los remos. Las naves tenían hasta 50 remos por nave.
Estas naves veloces eran muy grandes. Algunas medían más de 90 pies de largo. Podían cargar ambos guerreros y caballos.
Algunos vikingos dejaban a sus esposas, familias y hogares para emprender largos viajes. Ellos con frecuencia se iban por varios años a la vez. Estos viajes maravillosos los llevaban a tierras lejanas.
Los vikingos navegaron a Inglaterra, Francia, España e Italia. Fueron a África y Asia. Fueron los primeros europeos que llegaron al continente de América.
El viaje a América fue lento y tuvo varias paradas en camino. En 860, los vikingos descubrieron Islandia. Cuarenta años después, un vikingo llamado Erico el Rojo encontró Groenlandia.
Estos fueron momentos históricos emocionantes. Los vikingos estaban descubriendo nuevos territorios. Se estaban mudando a nuevos lugares. Luego, llegó la noticia de que se había visto tierra inexplorada. Erico el Rojo quería ir allá. Pero nunca logró llegar. En camino a su nave, Erico se cayó de su caballo. Temiéndole a la mala suerte, Erico canceló el viaje.
El hijo de Erico, Leif Ekiksson, sí logró hacer ese viaje después. El no sólo logró ver la tierra, él también desembarcó. Nombró esta nueva tierra Vinland. Era la costa del este de Norteamérica. Probablemente navegó a lo largo de la costa. Hasta es posible que haya navegado a lo que ahora es la ciudad de Nueva York.
Hay mucha evidencia que los vikingos se establecieron en Norteamérica. Las antiguas leyendas cuentan de sus aventuras en Vinland. Los arqueólogos han encontrado una aldea vikinga en Canadá. Hasta es posible que haya un mapa vikingo que muestra Vinland.
El mapa está un poco desteñido. Se puede ver partes de Europa claramente dibujadas. También se puede ver Islandia y Groenlandia. Más allá de esas islas está Vinland. No se parece a lo que hoy es Norteamárica. A pesar de todo, los vikingos sólo sabían de unas partes pequeñas del continente.
Sin embargo, no todos están de acuerdo que fueron los vikingos quienes dibujaron este mapa. Algunas personas piensan que es falso. Ellos hacen notar que es el único mapa vikingo que se conozca. ¿Por qué hacer sólo un mapa? Los vikingos no tenían idea de lo importante que llegaría a ser América.
El mapa es sólo un misterio más de la historia interminable de los vikingos. Los científicos todavía siguen buscando pistas del pasado de los vikingos. Quizás nunca sepamos toda su historia. Pero de por cierto, las historias pintorescas de los vikingos son una parte importante de la Historia Americana.
Bueno, hasta acá el artículo de Downey. ¿Interesante verdad?
Hasta antes de 1930, la población indigena salvadoreña se estimaba en un 20%. En realidad una población pequeña, muy pequeña.
Esto es relativo, porque, obviamente era mas que la población indigena de Costa Rica. Mucho mas que la dominicana y la portorriqueña juntas. Pero, menos que la nicaraguense o la guatemalteca.
Para 1994, en Guatemala se estimaba oficialmente una población indigena del orden del 42.8%, de acuerdo al X censo nacional de población.
El Salvador estimó menos del 1% para el censo nacional de población del 2007. El dato mueve a pensar que algo no está bien, y que incluso, puede ser sesgado. ¿Que ha pasado?
Es importante considerar, en principio, cuál es el criterio para determinar quién es indigena y quién no; porque solo a partir de eso, podríamos establecer porcentajes, es decir ¿cuantos son?.
¿Un indigena es aquel que lleva sangre indigena?, ¿es aquel que tiene una cultura indigena?, ¿se puede ser indigena solo por llevar la sangre?, ¿se puede ser indigena por adopción de la cultura? ¿Por los rasgos físicos?
Consideremos estas preguntas bajo otra perspectiva:
¿Un salvadoreño, es aquel que lleva sangre salvadoreña?, ¿es aquel que tiene una cultura salvadoreña?, ¿se puede ser salvadoreño solo por llevar la sangre?, ¿se puede ser salvadoreño solo por adopción de la cultura salvadoreña?
Entonces, mas claras las cosas, pertenecer a determinada etnia o grupo social es mas bien, una cuestión cultural y no una cuestión genetica. Bueno, también genetica, pero no como determinante cultural.
La cultura está basada en algunos aspectos importantes, estos aspectos son tales como la comunicación, su idioma y códigos; la producción y sus relaciones; el vestido, vivienda y alimentos; y valores, religiosidad, olores, sabores, paisaje, simbolismos religiosos, politicos, ideología en general, en fín, como bien decía uno de mis amigos en los 80´s, la cultura es el todo.
Entonces, debe definirse si acaso los indigenas en El Salvador estan usando un idioma, un lenguaje particular que les diferencie. La importancia del lenguaje como elemento cultural es que da identidad y define conceptualmente las cosas de la manera como es exactamente comprendida en el contextio étnico. Así, las palabras "shuco", "chilate", tienen un significado cultural único. No así, la palabra "pan" o "casa", cuyos significados son más universales.
El asunto del lenguaje es mas profundo que el uso de algunas palabras. Hay construcción gramatical, concepciones, estructuras, dicciones, etc, correspondientes a la propia cultura.
¿Usan los indigenas en El Salvador, un lenguaje identitario?
Luego está el asunto de la producción, qué y cómo se produce y cómo esto forma parte de una cultura étnica. La producción por ejemplo de vasijas de barro negro en Guatajiagua, da una identidad productiva, define que ese tipo de cosas solo se producen ahi, por esas personas.
Las relaciones de producción son también elementos economicos, pero también antropologicos (en cuanto comprensión del ser humano, sus motivaciones y percepciones). A este punto, ¿tienen los indigenas de El Salvador, una forma particular de producción? Vestido, alimentos, valores, religiosidad, etc, ofrecen identidad cultural y sentido de pertenencia a una etnia, a un grupo social genetica y culturalmente identitario.
Los indigenas en El Salvador están casi totalmente invisibilizados, ¿desaparecidos?, desaparecidos no, pero sí invisibilizados, y en buena medida, ellos mismos no están haciendo lo suficiente para hacerse ver. Hacerse ver significa hacerse sentir, hacerse participar politicamente como fuerza social que lucha por sus aspiraciones sociales, politicas y economicas.
Sin embargo, es innegable que hay una lenta agonía de las etnias, y hay preguntas por hacer en torno a esa desaparición. ¿Que causa la desaparición de los indigenas?
Las primeras hipotesis son de que:
1. Desde la epoca independentista ha habido interes en la mixtura para desaparecer, como política de estado, a los indigenas en la mezcla genetica.
Ha sido estudiado muy poco, pero existen las evidencias acerca de que, desde los primeros años de la independencia hubo claro interes en generar una mezcla étnica entre criollos, mestizos e indigenas, para hacerlos desaparecer, a los naturales, y con ello, generar un pueblo, una sociedad mas uniforme, con menos diferencias. A los indigenas se les consideraba haraganes, malvivientes, borrachos y demas cualidades, todas negativas. Estas cualidades eran atribuidas a la condicion de indigena y no a su marginación social que generaba esta rebeldía. Este es un tema -la necesidad e interes politico de la mezcla étnica para el desaparecimiento de los indigenas como política en función econmica- interesante para ser profundizado.
2. La matanza de 1932 obligó a que los indigenas se mimetizaran en el pueblo ladino.
La matanza de 1932 y la amenaza cierta de asesinar a todo el que fuera o pareciera o se pareciera a un indigena, hizo que los Izalcos y los de Puxtla, Guaymango, Jujutla, Tacuba, San Domingo, Apaneca, y demas pueblos pipiles y pokomames de la región, buscaran como ingresar al grupo de los ladinos, desarrollando actividades mas urbanas y menos campesinas o rurales. Carpinteros, albañiles, fontaneros fueron parte de los grupos a los que se sumaron los campesinos e indigenas que adoptaron esas características productivas, pero también, en tanto son oficios urbanos, también debieron empezar a utilizar conceptos, ropas, lenguaje, costumbres y valores urbanizados.
Eso puede explicar en parte, el hecho de la poca o casi nula existencia de indigenas, que obviamente, pueden ser mas que los determinados en el Censo Nacional 2007.
Pero... si la masacre se ejecutó principalmente en el Occidente, ¿que pasó con los indigenas del Oriente del país? El departamento de Cuscatlán no parece haber sido territorio de indigenas, no se ha detectado etnias en la región, durante varios censos.
Aunque sí en otras regiones como San Miguel, La Unión, San Vicente, La Paz, Usulutan y otros.
3. La demografía nacional ha tenido un efecto importante en la mixtura étnica.
Un país pequeño, con una gran densidad poblacional, unos pegaditos a otros, lo más probable es que terminemos mezclados, unos con otros, haciendo desaparecer los fenotipos originales.
Pueblos originarios que se urbanizan, construcciones e vivienda que ingresan a territorios de los "naturales", necesidades economicas que fortalecen la "urbanización" de los indigenas, ausencia de soporte estatal hacia las necesidades de crédito, de asistencia técnica, de apoyo en equipamiento e infraestructura productiva de las regiones rurales, campesinos que se mezclan socialmente -y sexualmente- con los indigenas, en fin, una condicion demografica que favorece la mezcla, de forma natural.
Aun si no hubiera existido ninguna politica de estado intencionada de eliminar a los pueblos originarios, esta condicion demografica hubiera hecho su papel en la disminución del grupo indigena.
Hay que reconocer que en todos los países con pueblos originarios, el desarrollo, el incursionamiento de la "civilización" (ja!) ha generado una reducción de dichos pueblos. Cada vez más, los indigenas van siendo menos.
Ya la OIT reconoce, en el Convenio 169 que: "...esos pueblos no pueden gozar de los derechos humanos fundamentales en el mismo grado que el resto de la población de los Estados en que viven y que sus leyes, valores, costumbres y perspectivas han sufrido a menudo una erosión..."
El artículo 4 de dicho convenio, es una respuesta al reconocimiento del problema de la absorción de la cultura indigena por la cultura occidental: "Deberán adoptarse las medidas especiales que se precisen para salvaguardar las personas, las instituciones, los bienes, el trabajo, las culturas y el medio ambiente de los pueblos interesados."
4. El modelo economico obliga a la necesidad de que indigenas se mezclen con la población ladina.
Las acciones de reproducción del sistema economico, un modelo neoliberal que introduce al "mercado" como regulador de los precios, que favorece la competencia economica, que fortalece la ideología de acumulación, que contribuye a uan sociedad del egoísmo, que conlleva a la globalización, a la eliminación de fronteras, al irrespeto a la diversidad, es también contribuyente a que los "naturales" tengan la necesidad de mezclarse e invisibilizarse.
Este modelo que crea necesidades, que irrumpe en la conciencia de la población -indigena o no- para determinar que se debe usar, que no, como usasrlo y donde comprarlo, se incrusta en todos los rincones del país, hace que los indigenas se "enajenen" para usar una categoría marxista que expresa en toda su amplitud el fenomeno de la conciencia, y se convietan en piezas de la "cultura" neoliberal.
Las comunicaciones, enfoque de difusion del modelo, también va generando formas de entender el mundo, y los jovenes indigenas inician su introduccion a este modelo desde la escuela, donde deben insertarse nuevos valores, la ausencia de una escuela indigena, de una entidad social que fortalezca la cultura del indigena y la reproduzca, es en buena medida, la mayor falla del estado, que hoy por hoy, considera al indiegna como una quimera turística y que mas pronto que tarde, venderá las postales de los pueblos originarios, para entonces, inexistentes.
Bueno, cuatro hipotesis que habra que considerar para un estudio serio. Podran estar de acuerdo conmigo o no, pero no son importantes los pareceres en una investigación, sino los datos. fotografía: Museo de la Palabra y la Imagen
La necesidad de rescatar, construir, inventar, consolidar iconos, imágenes, leyendas, mitos, tabúes y patrones conductuales que refuercen el sentido de identidad y pertenencia a una determinada nación es una de las búsquedas constantes en la construcción de ese imaginario colectivo.
En ese sentido, las distintas acciones de comunidades o personas individuales se entretejen en el entramado de la interacción sociocultural y dan como resultado el hecho de que poco a poco se van configurando prácticas e imaginarios que nos tipifican y que están íntimamente relacionados con ese pasado histórico, con la topografía, con el ambiente y actualmente con los nuevos retos de la “postmodernidad” que hace que el sentido identitario sea extendido y no únicamente practicado en un territorio, sino más bien una acción más imaginada que conduce a la evocación y al encuentro con el arraigo, con los valores de pertenencia a una comunidad con la cual se comparte un devenir histórico.
Los medios de comunicación masiva en esta era global –y por qué no decirlo– siempre han poseído un poder tal en la memoria individual y colectiva que muchísimas veces incide en tergiversar la realidad y lo más perverso es cuando con nefastos fines políticos y partidarios se deifican figuras de personas, se reivindican hechos y eventos sociales que no son más que el falseamiento de la historia y de lo cotidiano, lo cual repercute en desdibujar la memoria histórica de los pueblos.
Esto se puede denotar a partir de la legitimación de ciertas hechos socioculturales que aparentan ser algo, pero que en esencia no lo son y que riñen con la cotidianeidad, con la realidad, con un pasado; esto se logra a partir de fraguar una narrativa periodística de mucha fluidez de palabra, donde para hacerlo más admisible se echa mano de datos históricos, documentos, enunciados de tratados internacionales, que se aúnan a las excelentes imágenes digitalizadas a todo technicolor haciendo que el público consumidor lo interiorice como si se tratara de un periodismo investigativo, preocupado por los elementos de la realidad, la tradición y la cultura nacional.
Como reza el maquiavélico dicho: “miente y miente que al final algo queda”; así se fue asentando en el subconsciente de muchas generaciones la imagen del indígena perdido en el tiempo y en el espacio, visualizado en ocasiones como parte de ese “mal necesario” que posibilita ir al encuentro con ese pasado étnico a fin de reafirmar la identidad; pero que en la práctica ha pesado más la aspiración de hacer a un lado ese pasado incómodo. Esto se puede constatar en la visión homogénea de identidad que se establece en El Salvador donde distintos intelectuales, artistas, literatos y políticos se han encargado de construir un Estado-nación donde lo que se busca es hacer un perfil cultural de la salvadoreñidad donde lo indígena no existe, o es proyectado de forma estamparia, como sinónimo de salvaje, de retraso o de obstáculo para el desarrollo.
En esa búsqueda de las representaciones, las encarnaciones de ese pasado indígena se popularizó por muchos años en los medios de comunicación la imagen y figura de Rosa Olmedo –popularmente conocida como doña Rosita “Mujer flor”, la Pancha de Panchimalco.
La “Mujer Flor” era una persona muy peculiar que poseía el don de la palabra del náhuat y una conciencia e identificación con la identidad indígena, aunque para mala suerte de algunos sus rasgos físicos no denotaban lo indígena.
Era normal verla caminar y hacer alarde de sabiduría popular, con sus historias, su manejo del náhuat y su inclinación indígena, y su entonación del Kan calahuitunal, todo esto lo compartía con los turistas y con más interés con los que llevaban a hombros sus cámaras fotográficas.
En torno a ella se han tejido muchas historias: que era maestra de náhuat, que tenía encontronazos con nahuahablantes de Izalco, que había sido expulsada de Izalco, que los especialistas del náhuat la mimaban; en fin, miles de historias que hacen creíble e interesante el mito en torno a ella. Lo más sorprendente de su historia gira alrededor de su desaparecimiento por más de dos años del escenario de Panchimalco, esto se relataba en un reportaje dominical de un medio impreso – con trasfondo “investigativo” pero mas bien con esencia turística– donde además se presentaba a otra de las Panchas: Martina Deonades Ventura.
Lo más escalofriante es que veinticuatro horas después, en el mismo matutino se informa del paradero, de las circunstancias de la muerte y las calamidades que enfrentaron algunas personas para poder llevar a cabo el sepelio de doña Rosa Olmedo, una de las panchas más mediáticas de la historia reciente de El Salvador..
A pesar de su popularidad sólo la caridad de los pobres se encargó de auxiliarla en sus últimos momentos; murió como lo que era: como pobre, sin bandera que cubriera su ataúd, sin disparos de salva al aire ni palabras rimbombantes, sin discursos mediáticos ni condecoraciones ministeriales o del Parlamento.
Ella dejó de posar para las fotos digitales y partió en el anonimato; quizá porque se identificó con algo que incomoda a la nación: lo indígena. Rosa Olmedo heredó los pasos taciturnos y su mendicidad a una longeva pancha de nombre Martina Deonades Ventura que con su rasgos y con la vestimenta que usa denota un pasado indígena, esa identidad perdida en el limbo de nuestra historia, pero que reencarna con casi acentuada exactitud esa identidad indígena, hecha a la medida –como el traje de pancha que la Casa de la Cultura de la localidad le regaló a Martina– la cual ha viajado en las tarjetas de memoria de las cámaras digitales y los USB de los turistas internacionales, locales y de los migrantes salvadoreños como símbolo de nuestra identidad.
Revelador el reportaje, sí, revelador porque hace público algo hartamente conocido en el mundo académico, intelectual, profesional y de los trabajadores de la cultura: que el indígena a pesar de la”modernidad” está al margen de las políticas públicas y que algunos de ellos –pero fundamentalmente el sentido indígena– no existen, ni siquiera legalmente en los registros nacionales, en las políticas de Estado, ni mucho menos en el último censo nacional.
El elemento indígena y las invocaciones nostálgicas se vuelven útiles ––al menos las vestimentas– para poner “tipería”, como se dice en lenguaje popular, a los niños que son parte del relleno protocolario en los recibimientos de los honorables funcionarios o representantes de gobiernos internacionales que visitan el país en vías de negocio o de placer, a quienes se recibe con un halo de nuestra tradición; de esta manera con los trajes típicos se hace la remembranza indígena, se “dignifica” esa identidad.
Por ahora, ya solamente queda Martina, una pancha “reconocida” que pulula en la calles de Panchimalco como reflejo de ese pasado y dispuesta a ser fotografiada a cambio de recibir una dádiva que le permita subsistir en este mundo el cual no le pertenece, porque ni siquiera tiene derechos y deberes, porque no existe legalmente, no es parte del registro nacional y, por lo tanto, no es base electoral.
En la década de los ochenta otra de las figuras mediáticas, pero de carácter político fue la del cacique Adrián Esquino Lisco, quien aparecía constantemente junto con otros líderes sociales respaldando propuestas para el diálogo negociación como salida al conflicto armado; que solía acompañar con sus ceremonias indígenas las huelgas de los trabajadores, o se manifestaba en las marchas por las calles de San Salvador.
Su presencia era común en las reuniones del Comité Pro Debate Nacional por la Paz –CPDN, en las acciones del movimiento social que se desarrollaban a lo largo y a lo ancho del territorio nacional durante la década de los ochenta y parte de los noventa; allí estaba presente Esquino Lisco, siempre saludando a los otros como sus hermanos con su timbre de voz aguda pero con una asentada identidad de su ser, sí, de su ser indígena, de sus tradiciones, su cultura.
Esquino desarrollaba sus participación reclamando e incidiendo en el movimiento social para que se incluyeran la situación del indígena en las propuestas y en la visión; de igual forma bregó para que en los planteamientos a la Nación se consignara la dignificación, el respeto, los reconocimientos civiles, políticos y sociales de los pueblos indígenas en la lucha por la cosntrucción de la sociedad.
Un indígena que se empoderó hasta su muerte de su identidad. Uno de los legados a la comunidad indígena es la capacidad para negociar e incluir la visión del pueblo indígena en las propuestas, esto desde luego no lo hacía solo, lo impulsaba desde la Asociación Nacional Indígena Salvadoreña ANIS, la cual el creó y desde donde impulsó su hacer social y organizativo alejado de una visión estamparia, menesterosa, comercializadora o al servicio de intereses demagógicos.
Rosa Olmedo y Esquino Lisco, salvadoreños que abanderaron e interiorizaron la identidad indígena, ya partieron a encontrarse –como decía el cacique– con la Madre Tierra, con la Pachamama, pero en su caminar han dejado un ramillete de ejemplos que denota un aferramiento a creer y vivir por algo, a practicar una forma de vida que da identidad. A la sociedad y los funcionarios del gobierno central y municipal les queda abrir espacios y repensar de qué manera está constituido nuestro Estado-Nación, si realmente tienen cabida los indígenas o sólo son simple remembranzas para atraer al turismo o sentirnos “orgullosos” de ese rasgo identitario. De ahí que todos, absolutamente todos, independientemente del estatus político, social o económico que se ostente en la sociedad debemos de repensar los elementos que constituyen la salvadoreñidad y cuál es la relación que se debe establecer en el concierto del desarrollo del país con la comunidad indígena y no seguir con la “amnesia social pactada”
No cabe la menor duda que durante las celebraciones del 15 de septiembre o el 12 de octubre salga a relucir esa visión legitimizadora y homogenizante de la conciencia social e identitaria que muchas veces está construida por los grupos élites y hegemónicos de la sociedad y que la perfilan bajo sus propósitos del manejo de la Nación y del Estado
Colaboradores:
Carlos Osegueda (El Salvador), Juan Carlos Rodríguez Santos, Mario Mata (El Salvador), Julio Martinez (El Salvador), Alvaro Sermeño (El Salvador), Danilo Palma (Guatemala)
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